Culebra de Escalera

Septiembre 18th, 2007 by Kepa Uribarri

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45 mm. f/5,6 1/80 (ISO 100)

Un buen ejemplar de Culebra de Escalera (Elaphe scalaris), que encontré de paseo a la salida de un robledal éste año. Esta en concreto mediría un metro aproximadamente. Es una culebra diurna, suele trepar a veces a los árboles en busca de nidos. Fuerte, rápida y ágil. Inofensiva para el hombre, carece de veneno y de aparato inoculador. Su alimentación son roedores mayoritariamente. Así que si la veis no la matéis por mero placer, sus dos bandas longitudinales la hacen inconfundible.

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El olfato del ciervo y la caza fotográfica

Septiembre 18th, 2007 by Kepa Uribarri

El ciervo es un animal que no detecta los colores, por lo tanto su vista no es su mejor defensa ante los depredadores. Pero sí tiene un gran olfato y un buen oído. Los ciervos pueden detectar los olores mucho mejor y desde distancias considerablemente más amplias que los humanos. He probado salir con ropas sin fragancia alguna, y con jabones neutros, pero el olor humano es
detectable por todos los animales que nos temen. Así que he optado este año por hacer fórmulas de fragancias, y así enmascarar mi olor como humano ante el ciervo, el jabalí e incluso el gran cazador: el lobo.
Continuando con el ciervo, es importante hacer constar que gran parte su cerebro se dedica a la recepción e interpretación de los olores, y su cavidad nasal tiene la facultad de concentrar los aromas, haciéndolos más identificables. Así que si queremos hacer caza fotográfica, tenemos que tener presente no solo la prenda de camuflaje, el silencio, la orientación con el viento a favor, sino también la forma de camuflar nuestro rastro u olor.

“Los estudios han sugerido que los ciervos no visualizan los colores, y ven muy bien los movimientos. Peeples dijo que los cazadores que no quieran ser vistos por los ciervos debería considerar sus propios olores o fragancias primero. Hay productos disponibles que ayudan a cubrir o neutralizar los olores de los humanos. Muchos cazadores usan todavía un método tradicional que consiste en frotarse ramas de cedro en sus ropas para camuflar sus olores”. (Mississippi State University, traducción de Frida Bonaparte - 1995).

Los olores del ser humano en la naturaleza afectan a los animales según las condiciones climatológicas:

    - Las brisas suaves llevan los aromas a largas distancias, sobre todo en terrenos planos y lugares abiertos.

    - Las ráfagas de viento dispersan los olores, haciéndolos más fuertes, facilitando al animal el origen de la fuente.

    - Las condiciones de calma limitan la distancia en que los animales pueden detectar a los intrusos.

    - El calentamiento y enfriamiento del aire desplazan los olores hacia los animales o los alejan de ellos.

    - Por la mañana, el aire caliente lleva el olor hacia arriba y por la noche el aire frío lo lleva hacia abajo.

    - En condiciones húmedas, incluyendo lloviznas ligeras, la capacidad olfativa de los animales mejoran considerablemente, pero una fuerte lluvia enmascara los olores del ambiente. Esto hace que para el animal le haga más difícil detectar el olor de un ser humano en la zona.

En este verano he probado con mezclas de fragancias, como el incienso, romero, espliego, y notas maderadas de perfumes. Los resultados han sido más satisfactorios. No obstante en pleno monte me quitaba el sudor de la cara con romero silvestre que a la vez de ungirme con su fragancia, parecía ahuyentar a los mosquitos diminutos que van al lagrimar y no nos dejan observar con tranquilidad. Esto último he de probar si tiene alguna lógica documentada.

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Una familia completa, diario de un día frío y extraordinario

Septiembre 5th, 2007 by Kepa Uribarri

Puedo decir que este año para mi ha sido con tan solo siete fotos, un año bueno. No es lo mismo pillar un animal en su entorno salvaje, que mantiene todas sus cualidades intactas que un animal en un estado de control, véase parques de animales en cautividad, zoos. He andado bastante por la sierra (Sierra de la Culebra - Zamora), no tanto como hubiera querido, pero aún siendo el tiempo este verano, frío y desapacible, para la montaña y el senderismo es lo mejor. Empezare por un diario de ese día:

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150 mm. f/4,5 1/250 (ISO 200)

5:30 h. Suena el despertador, me preparo, desayuno y salgo en bicicleta hacia la falda del monte, unos seis kilómetros. Una vez llegado a la falda subo con la bici por un cortafuegos con un terreno “terracoso” y lleno de grandes piedras.

7:15 h. Casi en la cima, en pleno silencio y con fuerte viento, dejo la bici apoyada en un carrasco, continuo andando con mi equipo fotográfico. Llego a las grandes rocas que culminan la cima y me siento en una de ellas mientras descanso.

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77 mm. f/4,5 1/250 (ISO 200)

7:30 h. El frío aprieta y el sol aún no tiene fuerza, lo veo tímidamente aparecer sobre la cima del otro monte que me hace sombra. Bajo un poco más por las rocas y quedo postrado entre dos rocas, una cubriéndome la espalda y la otra a unos tres metros de altura al suelo.

8:10 h. Casi sumido en un trance, entre el silencio de la sierra, y el silbido del viento me quedo relajado con el equipo de la Oly colgado de mi cuello, cuando un fuerte ruido llega desde mi derecha. Ante tal sobresalto, rotura de ramas (jaras, carqueixas, carrascos) y movimiento de piedras quedo a la espectativa por si fueran cazadores, pero… ¿cazadores a las ocho de la mañana? va a ser que no…
Tomo la Oly entre mis manos y apunto hacia la derecha, primero veo a la cierva que no se percata de mi presencia, luego retrocedo con el zoom y sale la cría y “el vareto” (ciervo macho del año anterior con la nueva cornamenta) más despistado que ninguno.

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150 mm. f/4,5 1/320 (ISO 200)

Ante el chasquido de la cámara, la cierva se queda quieta y fija su mirada hacia mi. No se si por el camuflaje, o por mi rigidez de movimientos, nota algo pero no se alerta de mi presencia (sigo disparando). Nos miramos, clava su mirada en mi y se acerca más ¡qué curiosidad tiene la cierva! Sigo disparando sin quitar el ojo del visor, muevo diafragmas, velocidades, y… al final retroceden ante el ruido de la máquina.

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150 mm. f/4,5 1/800 (ISO 200)

¡Sorpresa! Mientras me quedo tranquilo mirando las fotos en la pantalla, oigo un ruido a mi espalda, giro y veo a la cierva con la cría pequeña observándome de nuevo. ¿Qué pasará por su cabeza? ¿más curiosidad? Aprovecho la ocasión para despedirme y sacar otras dos fotos con el zoom al máximo. Un regalo de la naturaleza, ahí os dejo unas muestras de ese día frío y extraordinario de agosto.

Saludos.

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