Puedo decir que este año para mi ha sido con tan solo siete fotos, un año bueno. No es lo mismo pillar un animal en su entorno salvaje, que mantiene todas sus cualidades intactas que un animal en un estado de control, véase parques de animales en cautividad, zoos. He andado bastante por la sierra (Sierra de la Culebra - Zamora), no tanto como hubiera querido, pero aún siendo el tiempo este verano, frío y desapacible, para la montaña y el senderismo es lo mejor. Empezare por un diario de ese día:

150 mm. f/4,5 1/250 (ISO 200)
5:30 h. Suena el despertador, me preparo, desayuno y salgo en bicicleta hacia la falda del monte, unos seis kilómetros. Una vez llegado a la falda subo con la bici por un cortafuegos con un terreno “terracoso” y lleno de grandes piedras.
7:15 h. Casi en la cima, en pleno silencio y con fuerte viento, dejo la bici apoyada en un carrasco, continuo andando con mi equipo fotográfico. Llego a las grandes rocas que culminan la cima y me siento en una de ellas mientras descanso.

77 mm. f/4,5 1/250 (ISO 200)
7:30 h. El frío aprieta y el sol aún no tiene fuerza, lo veo tímidamente aparecer sobre la cima del otro monte que me hace sombra. Bajo un poco más por las rocas y quedo postrado entre dos rocas, una cubriéndome la espalda y la otra a unos tres metros de altura al suelo.
8:10 h. Casi sumido en un trance, entre el silencio de la sierra, y el silbido del viento me quedo relajado con el equipo de la Oly colgado de mi cuello, cuando un fuerte ruido llega desde mi derecha. Ante tal sobresalto, rotura de ramas (jaras, carqueixas, carrascos) y movimiento de piedras quedo a la espectativa por si fueran cazadores, pero… ¿cazadores a las ocho de la mañana? va a ser que no…
Tomo la Oly entre mis manos y apunto hacia la derecha, primero veo a la cierva que no se percata de mi presencia, luego retrocedo con el zoom y sale la cría y “el vareto” (ciervo macho del año anterior con la nueva cornamenta) más despistado que ninguno.

150 mm. f/4,5 1/320 (ISO 200)
Ante el chasquido de la cámara, la cierva se queda quieta y fija su mirada hacia mi. No se si por el camuflaje, o por mi rigidez de movimientos, nota algo pero no se alerta de mi presencia (sigo disparando). Nos miramos, clava su mirada en mi y se acerca más ¡qué curiosidad tiene la cierva! Sigo disparando sin quitar el ojo del visor, muevo diafragmas, velocidades, y… al final retroceden ante el ruido de la máquina.

150 mm. f/4,5 1/800 (ISO 200)
¡Sorpresa! Mientras me quedo tranquilo mirando las fotos en la pantalla, oigo un ruido a mi espalda, giro y veo a la cierva con la cría pequeña observándome de nuevo. ¿Qué pasará por su cabeza? ¿más curiosidad? Aprovecho la ocasión para despedirme y sacar otras dos fotos con el zoom al máximo. Un regalo de la naturaleza, ahí os dejo unas muestras de ese día frío y extraordinario de agosto.
Saludos.