
La carroña es una buena aliada a la hora de sacar fotos de animales, pero no siempre se encuentran los resultados que uno desea. En mis travesías varias veces he encontrado ungulados u otros animales menores muertos, las fotos que expongo corresponden a una oveja muerta por un lobo, o devorada por él. No es fácil encontrar este tipo de animales muertos a no ser por el ataque de un depredador. Hoy por hoy la legislación prohibe depositar carroña en el monte. En el pasado otoño encontré la pieza que veis en la foto así que procedí a montar un puesto de vigilancia porque el cadáver del animal estaba bastante devorado, primero por los grandes depredadores, después por los menores y finalmente con los cuervos y las urracas dándose un festín. Os recomendaría seguir los siguientes pasos si tenéis suerte de encontrar carroña para vuestras fotos:
1- Situarse a contra viento.
2- Esconderse bien, camuflaje, o alguna zanja a ser posible.
3- Nada de productos químicos perfumados ni antimosquitos que puedan alertar el más agudo olfato.
4- Paciencia y suerte. Esto último no comentaré porque a no ser que hagáis noche es muy probable que no captéis gran cosa excepto aves carroñeras, los animales tienden a bajar al atardecer.
Sobre el primer punto aseguro que mejor ir en ayunas a no ser que estéis acostumbrados a la pestilencia que suelta un animal en descomposición. Cuando se llega al punto lo mejor será observar el cadáver del animal, su estado, qué animales o tipos de aves han pasado observando huellas y otros indicios como plumas, restos, heces, etc. Nos ponemos a contra viento y a ser posible contra un árbol bien camuflado, recibiremos según sople el viento ráfagas pestilentes producido por la putrefacción. Aguantar, seguramente quedaréis premiados con una buena foto, como poco algún ave despistada que se quedará ante vuestro objetivo.

El segundo punto, nada como un hide, una manta de camuflaje o vestimenta adecuada. Pegas: no vais a poder evitar el olor y es posible que hasta se os quede impregnado en la zona. Probar con pastillas de regaliz como las de toda la vida, reducirán los efectos. Y respirar relajadamente, nada de respiración acelerada.
Las aves son auténticas especialistas en montar “bronca”, he visto como cuatro cuervos expulsaron a una rapaz y como las urracas robaban lo que podían entre graznido y graznido. Todo un espectáculo.
Tercero, lo dicho, nada de productos químicos perfumados no penséis que sois más listos que los animales engañando el hedor con perfume, una triste loción antimosquitos puede dar con al traste horas de espera ante una carroña abandonada. El lobo, el zorro y sobre todo el jabalí tienen el sentido del olfato mucho más desarrollado que nosotros. Si es otoño os molestarán las “mosquitas” pequeñas, puñeteras cuando van al lagrimal y si la distancia es corta con la pieza cuidado con los artrópodos sarcosaprófagos: coleópteros sobre todo. Os molestarán si estáis a una distancia relativamente corta. Recomiendo manga larga, pantalones largos, pañuelo al cuello y sobre todo por higiene no tener heridas ni vendajes a la vista.
Cuarto. Paciencia, silencio, nada de mp3 ni aparatos por el estilo. Observación, mucha observación sobre todo al comportamiento de las aves. Los cuervos suelen ser los mejores chivatos, para lo bueno y lo malo.
Bueno, esto es un resumen que puede ayudar a más de un fotógrafo de la naturaleza, y parte de mi experiencia. Hay que tener en cuenta que la carroña es un recurso nutricional adicional durante las épocas de escasez de comida. Por lo tanto lo comentado no afectará de la misma forma en la época estival como en invierno. Advierto que con calores el foco infeccioso y la pestilencia es mucho más aguda e incluso insoportable. Aunque muchos no lo crean, el lobo en época de hambruna recurre a la carroña o a piezas abandonadas por alguna manada u otro depredador.
Ayuda conocer el proceso de descomposición de un animal. Los restos pasan por una serie de cambios biológicos, químicos y físicos, desde un estado fresco hasta la esqueletización y tener en cuenta que encontraremos una serie de insectos, los artrópodos sarcosaprófagos. Éstos dan valiosa información, dependiendo de esa información podemos intuir el tiempo postmortem, si el depredador volverá, si está abandonado a merced de las aves o algún carroñero menor. Estos insectos llegan atraídos por el olor de los gases desprendidos en el proceso de la putrefacción (metano, hidrógeno, sulfuro de hidrógeno y dióxido de carbono) y de la fermentación bacteriana. Lo que nos debe importar como naturalistas y fotógrafos es que vamos a sufrir ante tan lamentable espectáculo (mientras esperamos al depredador o carroñero) a las especies necrófagas, los dípteros y coleópteros que forman parte de los artrópodos sarcosaprofagos. Pero queremos sacar buenas fotos ¿no? Ya es suerte encontrar carroña aún en estado de semiesqueletización.
Una última noticia y buena para los carroñeros: parece ser que Europa permitirá depositar carroña en zonas de montaña para alimentar depredadores, parece ser según he leído que la Comisión de Agricultura y Desarrollo Rural del Parlamento Europeo ha aceptado las enmiendas al futuro Reglamento de Encefalopatías presentadas por la eurodiputada Rosa Miguélez las que se pide que la ley no obligue a la retirada de animales domésticos muertos de las zonas de montaña.
Para terminar decir que al día siguiente un lobo adulto se encargó de ella, pero por la noche llevándose lo que restó a otro lugar para darse buen festín. Lástima que nuestros objetivos no dan más de si.